Xlacah
Una poza abierta junto a las ruinas mayas de Dzibilchaltún, al norte de Mérida, dentro del anillo.
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Un hueco en la selva, luz que cae en columnas y agua tan clara que parece no estar. Bajar a un cenote es entrar al subsuelo de Yucatán.
Un cenote nace cuando cede el techo de una caverna de piedra caliza y la luz alcanza el agua que corre bajo la península.
Es lluvia filtrada por la piedra caliza: unos 25 °C todo el año y tan clara que desde la orilla se ve el fondo.
Raíces que bajan a beber, piedra sumergida y una claridad que se mide en decenas de metros. Los mayas lo llamaban ts'ono'ot.
Hace 66 millones de años, el impacto de Chicxulub dejó un cráter que hoy duerme bajo la piedra caliza. Su borde fracturado guía el agua subterránea, y sobre él se abren cenotes en arco.
Mapa ilustrativo
Una poza abierta junto a las ruinas mayas de Dzibilchaltún, al norte de Mérida, dentro del anillo.
Un pueblo con decenas de cenotes de caverna y semiabiertos, justo sobre el borde del cráter.
Un tiro redondo a cielo abierto, con lianas que bajan hasta el agua, a minutos de Chichén Itzá.
Un cenote semiabierto a unas cuadras del centro de Valladolid, entre árboles y golondrinas.
Dos pozas unidas por galerías inundadas, un clásico del buceo en cueva cerca de Tulum.
Una poza abierta junto a las ruinas mayas de Dzibilchaltún, al norte de Mérida, dentro del anillo.